INVASIONES INGLESAS: EL SUEÑO DE MIRANDA

Cuando el siglo XVIII tocaba a su fin, el patriota venezolano Francisco de Miranda, precursor de los movimientos de liberación en Latinoamérica, buscaba intensamente el apoyo de alguna potencia extranjera para sus planes emancipatorios. Esta misión lo llevó a luchar en Estados Unidos en 1783, a contactar a Catalina de Rusia en 1787, a participar en la Revolución Francesa y a viajar a Inglaterra en 1789. Gran Bretaña, entonces en plena expansión comercial impulsada por la Revolución Industrial, hostigaba constantemente a los navíos españoles que transportaban los tesoros americanos a la Metrópoli e intentaba asentarse firmemente en la región de El Caribe.

En Londres Miranda intentará influir en el Primer Ministro William Pitt para obtener su apoyo. Entre los que también se entrevistaron con el venezolano se encontraba el comodoro Home Riggs Popham, un militar de amplia carrera que había servido en América, Asia y África. Juntos, elaborarán un plan en 1804. Miranda creía conveniente la invasión de Venezuela y Nueva Granada, mientras que Popham se inclinaba por atacar el Río de la Plata con 3.000 hombres para luego continuar, una vez consolidadas las posiciones, con Chile, Perú y Panamá. El plan fue enviado al Vizconde de Melville, general en jefe de las fuerzas navales inglesas, pero el curso de los acontecimientos hicieron que Pitt lo dejara de lado por el momento. Por un lado, Napoleón concentraba en ese momento en la costa francesa del Canal de la Mancha una fuerza de 200.000 hombres que se preparaban para invadir Inglaterra y el gobierno inglés precisaba cada hombre disponible para la defensa. Por otro lado, se estaba negociando con Rusia una nueva alianza contra Bonaparte, en la que estos exigían incluir a España, por lo que se suspendió toda hostilidad contra este país, al menos hasta que las negociaciones finalizaran.



En 1805 Popham fue asignado a la expedición que debía ocupar la colonia holandesa de El Cabo, bajo el mando del General David Baird. Camino a cumplirla, la flota se detuvo en Brasil, donde los ingleses tomaron conocimiento por parte de un comerciante norteamericano de que Buenos Aires y su vecina Montevideo se hallaban completamente indefensas y de que ante la vista de la flota inglesa, sus habitantes depondrían prontamente a las autoridades españolas sin disparar un solo tiro. Meses antes de los británicos desembarcara en Buenos Aires, periódicos de Estados Unidos anunciaban la victoria inglesa en la invasión.



Una vez cumplida la misión en El Cabo, Popham propuso a Baird apoderarse de Buenos Aires. Las noticias que llegaban de Europa apresuraron la decisión de actuar sin el consentimiento de Londres: aunque la invasión napoleónica había sido desbaratada en Trafalgar, Bonaparte se había desquitado en el continente con la victoria de Austerlitz. Baird le facilitó entonces a Popham 1600 hombres del regimiento 71º de escoceses, bajo el mando del brigadier general William Carr Beresford. En junio de 1806 la pequeña flota llegó al Río de la Plata.



En Buenos Aires, el Virrey Sobremonte conocía desde hacía mucho las intenciones británicas. Y Sabía además que ninguna ayuda llegaría desde España que había perdido su flota en manos de Nelson. Al principio, había ordenado a la población prepararse, entregó armas y fortificó las costas; pero cuando la flota británica se alejó rumbo a África, las armas fueron devueltas y la defensa se relajó.



El 13 de junio, a bordo del navío Narcisos, los ingleses discutían cobre cuál de las dos ciudades atacar primero. Beresford propuso apoderarse de Montevideo, ya que sus defensas permitirían crear un valuarte frente a un posible contraataque español. Pero Popham, sabiendo que Buenos Aires guardaba un cuantioso tesoro listo para ser enviado a España, propuso apoderarse primero de la capital. El 25 de junio, durante todo el día los británicos desembarcaron en las costas argentinas sin ser molestados por resistencia alguna. Al día siguiente, comenzó la marcha hacía la ciudad.



El fracaso de los tímidos intentos de detener o demorar a los británicos hizo cundir el pánico en la ciudad. El 27 de junio Beresford cruzó el Riachuelo mientras el virrey huía hacia Luján con los caudales de la ciudad. Pronto sería apresado. El 16 de julio Beresford escribió a Londres despachando el tesoro porteño y solicitando refuerzos, consciente de que 1600 hombres no podrían mantenerse frente a una población hostil de 40.000 habitantes. Las medidas de gobierno tomadas por Beresford buscaban apaciguar los ánimos: se hizo prestar juramento de fidelidad al Rey, se respetó la libertad religiosa y se declaró el libre comercio.



El marino francés Santiago de Liniers y Bremond comenzó a preparar la resistencia junto al gobernador de Montevideo Luís Huidobro que le facilitó mil hombres. Mientras, en las afueras de Buenos Aires, Juan Martín de Pueyrredón organizaba la guerrilla que debía hostigar a las fuerzas de ocupación. El 4 de agosto las fuerzas de Liniers desembarcaron en Tigre. Aunque Beresford desbarató fácilmente un ataque de Pueyrredón en Morón, su situación empeoraba rápidamente. Liniers avanzó hacia Miserere e intimó a los ingleses a rendirse. El 12 de agosto se produjo el caótico ataque final a la Plaza Mayor. Ante la superioridad de las fuerzas porteñas, Beresford se rindió.

Comentarios

Rog ha dicho que…
Muy interesante y informativo.

Entradas populares