El CERRADO

El Cerrado es una ecoregión que se extiende en el interior del territorio brasileño, en plena Meseta Central. Se trata de una sabana de increíble riqueza biológica, un ecosistema delicado amenazado por el avance de la agricultura y la ganadería modernas.


Con una superficie de más de 2 millones de kilómetros cuadrados, el cerrado tiene un clima cálido, con temperaturas entre los 18 y los 28º C anuales. Las precipitaciones varían entre los 800 y los 2000 mm., con una marcada estación seca invernal, especialmente hacia el interior del continente. La vegetación característica es una combinación muy variada de árboles de hasta 15 metros de altura, arbustos y pastos que crecen sobre un suelo bien drenado y poco fértil.


El cerrado fue por muchos años una región aislada de Brasil. Su incorporación a la economía moderna del país puede considerarse reciente, impulsada a partir de la construcción de ferrocarriles y caminos y especialmente con la construcción de la ciudad de Brasilia en los años 60’. Antiguamente la escasa población se dedicaba a una agricultura de subsistencia complementada con una ganadería a pequeña escala, cultivos limitados, caza y pesca. La vegetación natural proveía abundante madera para la construcción, leña, carbón, frutas, etc.


Hoy todo ha cambiado. Con la incorporación de El Cerrado a una agricultura de capital altamente mecanizada, con la introducción y el constante crecimiento de cultivos como soja, maíz, arroz. O con la implantación de pasturas exóticas para alimentar un rebaño que supera las 50 millones de cabezas.



La política del gobierno brasileño fue durante los últimos años fomentar este cambio mediante subsidios, bajos impuestos y prestamos a baja tasa de interés. Pero para el pequeño productor ya no resulta rentable producir maíz, porotos o leche. Las granjas familiares tienden a desaparecer, mientras las compañías extranjeras dicen traer empleo, pero violan las leyes laborales y causan grandes daños al ambiente. El Banco do Brasil, además, opta hoy por prestar dinero a las compañías y no tiene dinero para el pequeño productor.


El impacto sobre la región es intenso. Brasil produce unos 60 millones de toneladas anuales de soja y el crecimiento de este monocultivo se realiza mayormente a expensas de la biodiversidad de El Cerrado. La utilización de fertilizantes y pesticidas contaminan tierra y aguas y el empleo de maquinarias pesadas deja extensas áreas desnudas, expuestas a la erosión.

La caña de azúcar es otro cultivo en crecimiento, producción destinada principalmente a la producción de etanol. En este caso, residentes y organizaciones denuncian que compañías extranjeras están tomando posesión de las tierras, desplazando a los pequeños productores que optan por rentarles sus propiedades. Las denuncias abarcan la utilización de grandes cantidades de agua, el reemplazo de cultivos alimenticios con el consiguiente encarecimiento de los alimentos, la destrucción sistemática de los bosques mediante la quema indiscriminada con el enterramiento de los troncos para escapar a las inspecciones y la muerte de animales. A los cañeros que trabajan en la cosecha se les paga por cantidad y no por horas trabajadas, las compañías los clasifican según su producción y si no alcanzan una mínima producción no serán contratados nuevamente. Mientras que muchos de aquellos “toros” que superan las 17 tns. sufren serios problemas de salud.

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